
A continuación compartimos el texto de unos amigos griegos que describe bien algunos de los obstáculos que nos bloquean a la vez desde las tripas y desde el poder logístico de la metrópoli del capital. Estos obstáculos son: una confusión circular que nos deja sin palabras, una fragmentación que descompone la existencia vivida sin alegría.
Cierta distancia que tenemos con el texto está en el uso que hace de la «destitución»: la civilización no se destituye a sí misma. Ojalá lo hiciera. Si estuvieramos destituidos estaríamos en un momento prerrevolucionario frente a la dominación real del capital. La civilización se hunde, se descompone, arruinando todo a su paso, pero lo hace volviendo a capturar siempre lo que descompone bajo alguna forma institucional. Nuestras vidas, capturadas una y otra vez, están más mutiladas, más arruinadas, más maltrechas.
Desde el punto extremo de una cercanía que no está de acuerdo, mandamos un fuerte abrazo a los amigos.
Notas sobre el mundo del fin
«¿Cómo se supone que voy a contar esto con una lengua que no es la mía, en una boca que no es la mía? ¿Cómo se supone que vas a creerme si ni siquiera yo mismo me creo?»
— Peter Flamm
«El salto crea la experiencia, no el paso».
— Heiner Müller
Queríamos compartir algunas reflexiones, aunque sea con retraso. Cuando tenemos que emprender una tarea, siempre nos topamos con la dimensión del tiempo. Siempre la cuestión del tiempo. Y esto no es un detalle menor. Percibimos el tiempo como un límite exterior. Como algo que no podemos habitar y que, a su vez, no puede atravesarnos. Quizá esta sea la razón por la que no logramos comprender la época en la que vivimos o solo podemos concebirla negativamente. Lo único de lo que estamos seguros es de que fracasamos estrepitosamente a la hora de vivir nuestra época, lo que significa que carecemos de la capacidad de abrirnos un camino en ella y proyectarnos en ella. Esta cierta imposibilidad de abrir una brecha en la época es, por suerte o por desgracia, el único asidero que tenemos en nuestra era. Quizá sea un trago amargo, pero este es el punto desde el que partimos. Siempre empezamos ex-negativo.